Desamor en tiempos modernos.
Me escribiste un mensaje diciendo que queres que hablemos. Frase clásica, de película, un cliché tan repetido. Aún así, fue como escucharla por primera vez. El nerviosismo subió por mi cuerpo, y yo, tembloroso con el celular en mano, aún tenía esperanza de que todo fuera un chiste. Te llamo, me cortas, pasan los minutos y no paro de mandarte mensajes pidiéndome que me atiendas, vivimos miles de cosas juntos, como puede todo aquello estar por finalizar. No entiendo las causas, no puedo ver tu cara explicándolo, no puedo convencerte en persona. Finalmente hablamos por teléfono, seca como una roca, fría como la nieve, no me amas. De un segundo al otro, a través del parlante de un teléfono móvil, inservible y odioso como pocas veces, me dejas. Esta, fue la parte fácil. A partir de ahí todo cae en picada, cuando las cosas no se hablan en persona nos vemos obligados a hablar con nosotros mismos, a formular hipótesis, preguntas y respuestas. Soluciones que comienzan a matarme por dentr...